sábado, 15 de agosto de 2020

Copia al carbón: variante fotosensible









La copia al carbón fue un procedimiento muy popular que empezó a utilizarse en 1860, y se extendió a hasta 1940. Consistía en sensibilizar una hoja de papel con una gelatina hecha con bicromato de potasio y algún pigmento –inicialmente, el denominado negro de humo que no es otra cosa que carbón en polvo-, sobre la cual, una vez estuviera seca, se colocaría un negativo de vidrio y se expondría a la luz del sol.

Las partes densas del negativo, es decir, aquellas zonas oscuras, bloqueaban la luz solar e impedían que tocase la superficie emulsionada, mientras que las partes transparentes o claras, si dejarían que la luz llegara a la hoja sensible. La gelatina impregnada en sales de cromo, se endurecía y mantenía al pigmento adherido a las zonas expuestas a la luz solar, mientras que las zonas no expuestas, eran susceptibles de ser removidas en el procesamiento del papel.

De este modo, las zonas transparentes en el negativo, que corresponden a las sombras en el motivo real, quedaban fijas en la hoja expuesta con la tonalidad oscura del pigmento, al tiempo que las zonas densas, correspondiente a las luces en el motivo real, se desprenderían al no estar endurecidas, aunque secas. 

Tras la exposición, el papel se sumergía en un baño de agua caliente en contacto con otro papel denominado "de transferencia"; el calor desprendía la gelatina coloreada y endurecida, y la pasaba a la otra superficie (con ayuda de presión), mientras que disolvía las partes no expuestas o blandas. Finalmente, el positivo que quedaba en el papel de transferencia, se sometía a un baño de aluminio con agua para estabilizarlo.

Estas copias eran permanentes ya que no se desvanecían ni alteraban su color. Con el tiempo, se emplearon otros pigmentos, como el sepia o el púrpura, y se probó la transferencia a otras superficies distintas al papel, como por ejemplo, la cerámica.  El interés del publico por este proceso creado en 1855 por Louis Alphonse Poitevin (1819-1882) y perfeccionado en 1866 por Joseph Wilson Swan (1828-1914), fue solo moderado, ya que resultaba mucho más caro (5 veces más) y difícil de ejecutar que las copias de albúmina, pues su realización exigía de una gran habilidad para transferir la imagen en gelatina a otro soporte.


Se puede decir que parte del procedimiento es parecido al que se emplea actualmente para realizar bastidores para serigrafía con la técnica del fotoscreen, en la que una resina (equivalente a la gelatina), se sensibiliza con bicromato, y una vez aplicada sobre la malla, se deja secar para ser expuesta, endureciéndose las zonas donde la luz afecta la malla, y cayéndose tras el revelado con agua, en aquellas zonas donde la luz no incidió.

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