sábado, 15 de agosto de 2020

El platinotipo


William Willis (1841-1923), en 1873 obtuvo la patente de un proceso en el cual se sensibilizaba un papel aplicándole una solución compuesta por oxalato férrico y cloro-platino potásico, que luego era expuesto por contacto bajo un negativo al sol, de manera que los rayos UV transformasen el oxalato férrico en sal ferrosa, que a su vez descomponía la sal de platino produciendo el platino metálico que formaba la imagen (revelado), la cual era fijada empleando una solución de ácido clorhídrico, para luego aplicar un lavado final.

El resultado, conocido como platinotipo, surgió en el momento en el que el proceso del papel a la albúmina estaba plenamente establecido, pero algunos fotógrafos que renegaban del acabado brillante de ésta, se inclinaron hacia esta nueva técnica que buscaba darle ciertos atributos de exclusividad a las fotografías para elevarlas al estatus de obras de arte. 

La técnica se mantuvo vigente hasta que con la llegada de la Primera Guerra Mundial, el platino incremento considerablemente su precio debido a que se necesitaba en el desarrollo de armas, dejando como alternativa el uso de paladio, sin embargo, rápidamente se volvió un dúo donde quién trabajaba con este proceso tenía la posibilidad de usar platino puro, paladio puro, o una combinación de ambos metales.

Técnicamente, lo que caracteriza a una imagen realizada en platino y paladio es su extensa y delicada gama tonal (tal vez la mayor gama de todos los procesos fotográficos) con negros profundos y delicados grises que se elevan para mostrar una increíble cantidad de detalles en los tonos altos antes de llegar al blanco. Si la imagen es realizada en platino puro, se obtiene un tono neutro blanco y negro. Si se usa paladio puro, la imagen es cálida en una especie de tonos sepiados. El balance entre un extremo y otro se puede ajustar dependiendo de la cantidad que se use de uno u otro metal, lo cual hace que cada copia sea irrepetible.

Las imágenes producidas al platino tienen extrema longevidad, pues es un material muy noble y estable cuyo tiempo de degradación está entre los 3000 a 3500 años. Definitivamente, a través de la historia, este es uno de los procesos mas apetecidos y anhelados lo que le confiere un estatus de vigencia permanente. La idea de una foto realizada en uno o dos de los metales más caros y finos -aún más finos que el oro-, seduce tanto a fotógrafos y artistas, como a coleccionistas.

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