jueves, 20 de agosto de 2020

Pintar fotografías


La superficie plana del daguerrotipo se mostraba indiferente ante la calidez de la carne de la persona retratada, lo que podía dar como resultado una imagen de aspecto frío y distante sobre una placa metálica bastante impersonal. Un toque de color en las mejillas, y quizá alguna pincelada dorada en los botones ayudaría, pero la cosa no se detuvo allí.

El coloreado a mano de las fotografías se inició casi que paralelamente con el nacimiento de la misma, primero con los retratos, luego con los paisajes, y finalmente, otros temas recurrentes como los desnudos también fueron considerados por los coloristas, quienes intervenían no solo placas de metal, sino también vidrio, cerámica o cualquier superficie donde la fotografía tuviese lugar.

Destacan en estas primeras instancias del color, las diapositivas realizadas para las linternas mágicas (especie de proyector de la época), cuyos tonos sutiles daban idea del aspecto que tendría la película fotográfica a color, que aún no se había inventado. 

Las fotografías pintadas no solo eran más atractivas sino también prácticas, pues la capa pictórica ralentizaba el desvanecimiento de la imagen tan común en los primeros registros. Se solían utilizar el pastel, el óleo, la acuarela, y un producto denominado foto-óleo que dejaba traslucir la fotografía subyacente. 

Algunos puristas consideran que la aplicación del color al ser un proceso añadido, merma las cualidades intrínsecas de la fotografía, sin embargo, esto no impidió que se siguieran coloreando a mano incluso hasta en el propio s. XX. Actualmente, la edición digital permite realizar este proceso de manera sencilla sin comprometer la integridad física de la imagen. 

Como dato curioso, gran parte de los coloristas eran mujeres, pues la fotografía era una de las artes que ponía menos barrera para la participación del público femenino.    

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