
Alrededor de 1880, la cámara se había convertido en una poderosa herramienta política y social en las manos de algunos documentalistas cuyos temas nada tenían que ver con el complaciente retrato de estudio destinado a la contemplación, sino que mostraban a través de sus crudas imágenes la forma de vida de algunas personas o el modo en como el Hombre interactuaba con sus semejantes y con su entorno.
Muchas de estas imágenes incomodaban a la vista, pues dejaban al descubierto situaciones que, a pesar de que se sabía que ocurrían, era mejor no mostrarlas. La fotografía documental con el pasar de los años no perdió su carácter controversial, de hecho, le es intrínseco. Se trata del género fotográfico por excelencia, pues es exclusivo de esta disciplina ya que no tiene un símil en ninguna otra de las artes visuales, y muestra con verosimilitud aspectos de la realidad a través de una toma directa (no es una puesta en escena ni una imagen editada), que por lo general invita a criticar o cuestionar aspectos puntuales del Hombre y su modo de vida. Aunque estrictamente hablando, todas las fotografías fungen como documentos visuales (en tanto hay información contenida en ella), no todas las fotografías tienen un enfoque documentalista.
Desde finales del siglo XIX, muchos fotógrafos apostaron por esta línea de trabajo, entre ellos Jacob Riis (1849-1914), Lewis Hine (1874-1940), Dorothea Lange (1895-1965) y Walker Evans (1903-1975) quienes fotografiaron a inmigrantes recién llegados a Nueva York, niños trabajando frente a tiendas, y personas abatidas por la gran depresión americana. En Latinoamerica, las imágenes fotográficas de finales del XIX, revelaron la inmensa trama social de nuestra América con todos sus matices, llena de complejidades, cambios de poder, dictaduras e intentos fallidos de democracia. Una vasta linea documentalista se desarrolló tempranamente al llegar la nueva centuria. En Venezuela, Henrique Avril Avril (1866-1950) es considerado como el primer reportero gráfico del país.
En la imagen: fotografía de Walker Evans (izquierda) y Lewis Hine (derecha).
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