lunes, 24 de agosto de 2020

El autochrome Lumière



La fotografía, que había sido dada a conocer al mundo en 1839, tenía en su haber para principios del s. XX, una serie de avances tecnológicos significativos, sin embargo, el registro de los colores era una deuda que este nuevo arte aun no había podido saldar. La teoría de que todos los colores podían obtenerse a partir de tres colores primarios, fue probada por James Clerk Maxwell (1831-1879) en 1861, pues así como Isaac Newton (1642-1727) demostró que la luz blanca se descomponía en colores, la suma de los colores también debía dar como resultado la recomposición de la luz blanca; este fue el principio de los experimentos de Maxwell.

El científico Thomas Young (1773-1829), había propuesto que los colores en los ojos se perciben a través de un número limitado de canales, que según él, podían ser tres. Maxwell, tomaría tres luces monocromáticas y experimentaría diferentes combinaciones hasta conseguir aquellas que juntas permitieran que se recompusiera la luz blanca, consiguiendo tales resultados con el rojo, verde y azul. En concreto, tomo tres fotografías en blanco y negro anteponiendo a la cámara un filtro de cada uno de estos colores por cada exposición (una foto con filtro rojo, otra con filtro verde y otra con filtro azul). Después, hizo copias transparentes de cada una de ellas que proyectó en una misma superficie, no sin antes hacerlas pasar por los mismos filtros de color. El resultado fue una imagen única policromática (en la proyección).



Sabiendo esto, el reto ahora sería que en una misma superficie fotosensible, y no en tres por separado, se pudieran incorporar estos filtros a color. Auguste Lumière (1862-1954) y Louis Lumière (1864-1948), los hermanos creadores del cinematógrafo, idearon en 1903 unas placas fotográficas de vidrio cubiertas con una mezcla de minúsculos gránulos de fécula de patata que habían sido teñidos de rojo-naranja, verde y violeta, los cuales a su vez estaban recubiertos por una capa de material fotosensible al gelatinobromuro. 

Al exponer la placa, la luz pasaba primero por el vidrio, después por los gránulos que actuaban como filtros, y de último tocaban la emulsión (había que tener cuidado en la forma de colocar la placa). Tras el revelado y fijado, que incluía un proceso de reversión para pasar del negativo al positivo en la misma superficie, se obtenía una imagen a color en transparencia, única que no se podía copiar y que debía verse a través de la luz solar o bajo una fuente de luz artificial, la cual estaba compuesta de microscópicos puntos de colores primarios, imperceptibles para el ojo humano, cuya proximidad unos con otros daban la sensación de otros colores (teoría aditiva del color). 


No sabemos a ciencia cierta, lo que llevó a los Lumière a emplear las patatas en su proceso fotográfico, tal vez el hecho de vivir en Lyon rodeados de granjas, les alentó a recurrir a lo que tenían a mano. Comercializado en 1907, el Autochrome Lumière fue muy popular y representó un gran avance en el registro de imágenes a color, hasta el momento añadido a mano. Para los fotógrafos artísticos fue una alternativa para legitimar su obra, a pesar de ser un proceso lento (demandaba largas exposiciones), costoso y complicado de realizar. 

En la imagen superior: retrato de los hermanos Lumiére, envoltorio de placas autocromas y visor.

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