viernes, 14 de agosto de 2020

La "Carte de Visite": prestigio de colección









Antes de la fotografía, quienes querían ser retratados debían contratar los servicios de un pintor, sin embargo, este era un oficio que no todo el mundo podía costear. Algo similar ocurrió con el daguerrotipo, que económicamente era inaccesible para la mayoría de la población, pero la llegada de la técnica del colodión con sus cortos tiempos de exposición y la posibilidad de realizar reimpresiones, aminoró considerablemente los costos de hacerse un retrato.

Bajo este contexto, André Disdéri (1819-1889) patentó en 1854 una cámara fotográfica dotada de varios objetivos, que permitía que en una sola placa de vidrio se obtuvieran múltiples exposiciones, cada una de ellas en un área distinta de la placa, con lo que al copiarlas sobre el papel, se tendrían varias fotografías en miniaturas. Inicialmente, la cámara contó con 4 objetivos que permitían conseguir 8 exposiciones, ya que adicionalmente la cámara contaba con riel que permitía desplazar la placa para emplearla por sectores conforme se exponía. Luego se construirían cámaras con más objetivos.

Empleadas básicamente para hacer retratos de cuerpo completo (ya que con la cercanía se corría el riesgo de que la imagen quedase "mutilada"), las copias de estas fotografías hechas sobre papel de albúmina, se cortaban individualmente y se colocaban sobre soportes de cartón en los cuales podían ir grabados los datos del fotoestudio, y servían como un detalle o recuerdo a entregar a los visitantes de los fotografiados, quienes a su vez podían colocar una dedicatoria al dorso de esta suerte de pequeña postal conocida con el nombre de carte de visite (o carta de visita).

Lo que a estas imágenes le faltaba en intimidad (por tratarse de planos generales), lo suplían con afecto: se realizaban en estudios fotográficos donde había a disposición ropa lujosa, telones de fondo, colgaduras, mobiliario, alfombras, plantas, columnas, chimeneas y hasta animales vivos o disecados. Los menos favorecidos económicamente, podían fantasear sobre la imagen que querían proyectar al hacerse este tipo de retratos.

Las imágenes de 7 cm. x 5 cm. colocadas sobre soportes de 10 cm x 6 cm., se popularizaron cuando el propio Disdéri realizó una carta de visita al emperador Napoleón III en 1859, de la cual vendió miles de copias. La carta de visita pasó a tener un uso social, y no tener una de ellas para intercambiar, era el equivalente a no tener redes sociales en la actualidad. Estas postales se coleccionaban y se guardaban en álbumes familiares que se exhibían con orgullo en el salón principal de la casa, para mostrar a los demás su círculo de amistades o gente con la que simpatizaban.

El consumo de estas tarjetas llegó a tal punto, que en colecciones particulares se mezclaron retratos de celebridades, con personajes políticos, parientes lejanos e incluso vecinos. Las carte de visite de personajes de la realeza se vendieron a buen precio, y aunque para muchos constituían personas que jamás llegarían a conocer, el poseer su tarjeta era un símbolo de prestigio.


No hay comentarios:

Publicar un comentario