La popularidad de la cámara oscura entre los artistas, no venía a resolver del todo el problema de la verosimilitud en la representación, pues si el trazado del artista no era de calidad, tampoco lo sería el producto final, pero cuán grandioso sería que en vez de dibujar lo que la luz reflejaba, se pudiese obtener una imagen permanente.
Pero, crear una fotografía requeriría mucho mas que un simple deseo artístico, pues demandaba curiosidad científica; simplemente la fotografía no se entendería sin previo conocimiento del comportamiento de los químicos ante la luz.
A principios del siglo XVIII, Johann Heinrich Schulze (1687-1744) trabajaba con sales de plata (cloruro de plata y nitrato de plata), cuando descubrió que las partículas de este material cambiaban de color, oscureciéndose luego de ser expuestas a la luz solar. Otros experimentos le permitieron descartar que el cambio de debiera al calor y no a la luz.
Schulze, colocó en una botella una mezcla de tiza con clorhidrato de plata, y le puso una etiqueta para identificarla, percatándose que la botella se ennegrecía donde la luz solar la afectaba, más no así donde tenía colocada la etiqueta que la protegía de la acción de la luz; variaciones de estas etiquetas se hicieron a modo de esténcil obteniendo los mismos resultados que bien pudieran considerarse como los primeros fotogramas. Estas imágenes no eran permanentes, se degradaban al poco tiempo.
Su descubrimiento fue muy conocido, pero Schulze no continúo investigando para sugerir posibles aplicaciones, de modo que al momento de nacer la fotografía no se le dieron los créditos respectivos, aunque sin duda alguna, su trabajo es muy significativo pues vino a sentar uno de los principios básicos de la misma: la fotosensibilidad.

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