
En este caso, el ennegrecimiento necesario de la superficie para poder leer el negativo -que es lo que finalmente se produce- como si fuese un positivo, se conseguía mediante la pintura, laqueado o esmaltado de la placa antes de aplicarle el colodión.
En las áreas más densas, que corresponderían a las partes más brillantes del sujeto (luces), la luz reflejada proporcionaba grises, mientras que en las áreas con menos cantidad de plata, que corresponderían a las partes oscuras del sujeto (sombras), eran esencialmente transparentes y se veían negros cuando se miraban en contra del fondo oscuro provisto por la placa. Para obtener una imagen lo más clara posible, se utilizaba normalmente el cianuro de potasio como fijador de las fotografías, aunque ciertamente era un elemento sumamente tóxico, y por tanto, de riesgo para la salud.
La posibilidad de utilizar imágenes subexpuestas permitió el empleo de tiempos de exposición más cortos, lo que era una gran ventaja en el mundo de los retratos, de hecho, todo el proceso desde la toma hasta la entrega del ejemplar final, no excedía de los 15 minutos, lo cual era no solo era atractivo, sino comercialmente rentable.
Este proceso fue inventado en 1852 y presentado en 1853 por Adolphe-Alexandre Martin (1824-1896) en Francia siendo muy popular entre 1860 hasta el 1880; su competidor fue el mismísimo ambrotipo pero en comparación con su predecesor más importante, el daguerrotipo, los ferrotipos resultaban muy baratos, por lo que tuvo gran aceptación entre la clase obrera. Como la placa era más resistente, a diferencia de otras técnicas, esta no siempre requirió ser enmarcada. En la barra derecha, esta disponible un video que ejemplifica paso a paso cómo se realiza este proceso.
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